Curiosamente he cambiado de línea en las ultimas semanas, algunos días le he dado de nuevo la oportunidad a un tipo de bus grande que pasa un poco mas lejos de mi casa pero es bastante seguro…o al menos eso era lo que yo pensaba.

Había olvidado la mala experiencia que había tenido hace unos meses cuando subí con mi botellita de agua y ocupe un asiento individual en un caluroso dia de verano.
No es novedad que cada dos cuadras sube algún tipo de comerciante informal ofreciendo, chicles, caramelos, chocolates, gomitas, lapiceros, agendas, calendarios, etc.… no me molesta en realidad solo cuando lanzan primero un ‘original’ discurso donde nos recuerdan que si no los apoyamos, prácticamente los empujamos a una vida delincuencial.
No paso así, en cambio, en esta oportunidad, porque quien subió, un joven no de mal aspecto, pero con varios tatuajes y voz enronquecida (Es esa la palabra correcta?) contó que el ya había pasado por el lado oscuro y que acababa de ser liberado de la cárcel pero nadie le ofrecía trabajo. No vendía nada, solo quería una colaboración para seguir alejado de los malos hábitos.
La mirada que nos dio sin embargo no contagiaba el mismo espíritu emprendedor. Sujete mi botellita de agua y sacudí levemente y lo mas amable que pude mi cabeza para indicarle que no iba a ‘colaborar’. Cuando lo escuche por el final del corredor del bus pensé que había pasado el peligro y me disponía a refrescarme con un poco de agua…. Cuando allí a mi costado, se encontraba reclinado el.
– ¿Me das tu botella de agua? – dijo tratando de ser convincente
– Me lo estas preguntando o me lo estas imponiendo? – dije lo mas firme que pude aunque mas parecía lo segundo
– No amiga, pero me muero de sed –
– Pero es mi botella – dije ya mas con lastima porque sabia que no iba a salir con mi gusto
Me hizo un gesto de ‘por favor’ así que cedí. Realmente si hacia mucho calor y pensé que después de todo, era solo agua. Pero me prometí no volver a tomar esta línea.
Finalmente volví a las Cousters, donde una vez mas, el sentido común deja mucho que desear, pero esta vez el mío.

Algo que me parece genial es que existan asientos reservados para ancianos, señoras embarazadas, señoras con bebes o personas con algún impedimento o lesionadas. La regla dice que al subir, se deben ceder estos asientos.
Hay que ver que ahora no hay que ofenderse si te observan mucho, en especial el abdomen… y me explico: cada persona que sube a una combi pasa por un ‘scan’ virtual donde se identifica si pertenece a alguno de los grupos de personas que califican para el asiento reservado.
Lo embarazoso es, en mi caso, que un almuerzo exagerado, se convierta en motivo para que al subir el cobrador comience a vociferar ‘UN ASIENTO PARA LA SEÑORA EMBARAZADA’!!! (No Sres, no ha pasado…aun)
Pero lo que si me ha pasado es que, estando yo sentada en ese lugar haya tenido la duda de cederlo a alguien o no. Esto paso con una señora joven que subió, llevando una blusa vaporosa y una silueta a la que mi scan califico de ‘en espera’. Cuando pensé que era mejor prevenir que lamentar, me arriesgue a preguntarle, con la misma confusion con la que ella me respondio
– Disculpe, ¿esta Ud. esperando? – haciéndole el popular gesto de un media luna invertida en el estomago.
– No – dijo sonriendo y tras una pausa completó – yo ya tengo un hijito de 4 años.

Le sonreí pero estoy segura que ni ella sabia porque le había preguntado lo que le había preguntado, ni yo sabia porque me había respondido lo que me había respondido.

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