Como una sencilla noche para relajarnos termino en una caminata por la carretera a media noche…

Todo comenzó hace casi una semana. El viernes pasado durante el almuerzo en el comedor alguien inocentemente comentó que The New Kids on The Block tendrían un concierto el día de ayer, de un momento para otro tres de nosotras decidimos que necesitabamos un break y esa misma noche conseguimos los tickets.

Esta semana resultó ser bastante agotadora por lo que la idea de ir al concierto sonaba genial a pesar de lo cansadas que nos sentiamos. Planes para despues? No gracias, y aún mejor, un taxi nos recogeria a la salida. Todo planificado. Genial

El concierto:

Sin ser lo mismo que 15 o 20 años atrás, es bonito verlos despues de todo, cantar a voz en cuello lo que algun momento fue un himno escolar. Realmente lo hicieron especial: sus frases en Español, el cariño con el que se dirigieron al publico, la música, las coregrafías, su promesa de regresar…

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Salimos felices, aunque el camino de salida tomó cerca de 30 minutos con algunas anecdotas como el momento en que todas las fans corrieron detras de una pequeña camioneta con lunas polarizadas que paso por en medio de nosotras: inocentes!

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La Odisea:

Ya en la salida por la Av. El Derby, el tráfico se veia terrible, así que el taxi nos recogería cerca de la universidad de Lima por lo que era necesario rodear el Jockey Club. Hacia nuestra izquierda parecía un largo camino, hacia la derecha…mmm… no se perdía nada el intentar. Pero una vez que llegamos a la Carretera Panamericana Sur, notamos que no había vereda para rodear el local, pero si una diminuta berma en la pista, que subía y, según nosotras, daba directo a Javier Prado y mucho más cerca de nuestro destino final. Aún así, ya que no se veía claramente, dudamos. Fue entonces que llegaron nuestros decididos guías, un grupo de aproximadamente 5 a 6 chicos (?) con edad suficiente para aparentar cierto grado de madurez (estaba oscuro) quienes después de pedir permiso se lanzaron al camino. Nos miramos, encogimos los hombros y decidimos seguirlos antes de perderlos de vista. Así comenzaría la metida más grande de los últimos tiempos.
Nos debió tomar de 6 a 8 minutos darnos cuenta que los ‘muchachos’ andaban alegres trotando y cantando algo acerca de su tía y ’12 34′. Pero eso no fue lo peor, 2 minutos luego de eso nos dimos con que no era la carretera lo que seguíamos sino un puente aéreo, por supuesto no para peatones, que cruzaba la carretera y nos llevaba en sentido contrario a donde esperábamos. Retroceder era aún peor, así que nuevamente, pusimos nuestra mejor sonrisa y a seguir trotando en fila india y tratando de mantener saludable distancia con nuestros guías, quienes de vez en cuando hacían de porristas. Al comienzo, nos mantuvimos cerca, hasta que llegamos a cierta distancia donde podíamos ver los edificios cercanos y nuestros amigos comenzaron a saludar a todo el que veían en casa ‘Hola! Ya te viiiii, estas calato!!!’. Trágame tierra, ya nos veía en las noticias ‘grupo de ebrios invadió carretera y atormentó vecinos de la zona’ y nuestras fotos de DNI al lado.

Después de unos 20 minutos, cuando nos faltaba un tercio de puente, paso un grupo de motocicletas de la policía con una patrulla. Nunca estuve tan feliz de verlos venir, incluso sabiendo lo que me esperaba… pero no éramos prioridad y nos ignoraron totalmente. Finalmente, llegamos a la meta, entre aplausos y vivas de nuestros malos ejemplos. Good luck to you guys. Genial, estábamos en la avenida San Borja Norte a un par de cuadras de la carretera. Previa nueva coordinación telefónica con el taxi, que nos pidió esperarlo en el siguiente paradero de la carretera.

El Rescate:

Luego de cierto susto con un auto que se detuvo y desvió camino al vernos (quien sabe a esa altura como nos veíamos) llegamos corriendo al desolado camino, cuando un auto de lunas polarizadas bajo la velocidad y se detuvo, así que cuando Rosita lo reconoció nos sentimos protagonistas de Lost en su primera temporada.

Conclusiones y recomendaciones:

Pero pasado el susto, el cansancio y la suciedad que nos llevamos del diminuto murito que nos separaba del vacío, lo que queda es un recuerdo divertido, porque, pasados los errores de juicio y la lección aprendida: nunca sigas a nadie después de la media noche, sobre todo si está borracho, lo que lo hace más memorable es que no te topas todos los días con amigas dispuestas a cruzar un puente, a paso ligero, sin dejar de sonreír.

😀

Mónica, Rosita: Gracias por animarme a ir aquel día, no me lo hubiera perdido por nada! No creo poder repetirlo, pero definitivamente no me lo perdería!

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