Las madres nos lo recuerdan todo el tiempo pero honestamente creo que nunca le preste atención a ese consejo…las consecuencias… imagínenselas.

Pero hoy algo me hizo recordar mis experiencias al respecto.
De las que no ha bloqueado del todo mi mente:
Cuando estudiaba, solíamos intentar llegar temprano a ciertas clases para poder sentarnos lo más lejos posible del escritorio del profesor. En los últimos ciclos se hizo una costumbre que una amiga y yo nos peleáramos los últimos lugares detrás de otra de mis queridas amigas, que siempre fue aplicada y se sentaba adelante (y nosotras detrás de ella). En una de esas amigables disputas, no me quedo sino tomar un asiento que estaba al lado, justo cuando entraba el profesor y mi única alternativa era sentarme. Fue entonces, muy muy pero muy tarde, que note que la base del asiento no tenía ninguno de los tornillos que debían asegurarla, y mientras iba sentándome, en cámara lenta para no llamar la atención del profesor, la base comenzó a deslizarse, o mejor dicho a deslizarme…. De haber sido yo mas devota practicante de los pasos de Barishnikov probablemente todo hubiera salido bien y me hubiera quedado en esa posición sin que nadie nunca lo notara, pero por tratarse de mí, por supuesto, tenía que suceder todo lo contrario.
La caída no fue aparatosa y rápida, sino todo lo contrario. Según lo que me comentaron luego, pareció una distorsión en la continuidad tiempo-espacio, ya que vieron a alguien cayendo… en cámara lenta, y luego levantandose rapidamente. Ese pequeño trauma no los hizo reaccionar como debían, mejor dicho, no sabían exactamente si realmente me había caído o había intentado recoger mi lápiz del piso con cero coordinación motriz.
La próxima vez que mi asiento me dio problemas fue en mi primer día en un nuevo trabajo, donde había tanta gente en la misma oficina, y a falta de ‘ubicaciones’ decentes, me había colocado con un asiento en dirección a la puerta y el resto de escritorios orientados hacia mí. Tenia que comportarme lo mejor posible, esa era mi intención, pero el escritorio, que no era precisamente un escritorio sino mas bien un archivador con una silla en frente, no tenia lugar para poner nada encima (véase propaganda de San Ignacio ‘Practicando’, pero eso paso 10 años antes).
No recuerdo exactamente en que momento lo note, pero fue un frío extraño el que comenzó a recorrerme y comencé a preguntarme si acaso la humedad del ambiente podía afectar solo en ‘ciertas zonas’. Luego recordé, que, a falta de espacio en mi ‘escritorio’ había colocado una botellita de Coca Cola en la parte posterior de mi asiento y por supuesto, me había olvidado que estaba allí… hasta el conocido escalofrío que me recorrió, no tanto por el liquido, sino al pensar, que alguien pudiera llamarme y era obvio que se notaria el cambio de color en cierta área de mi ropa… peor aun, que pudieran llegar a pensar que una Coca Cola podía ser la mala excusa que ocultaba mi nerviosismo.
He mencionado que el 90% de la población de esa oficina eran caballeros? (bueno, no exageremos) y que esa era sin dudas una gran primera impresión.
Recuerdo también lo desapercibida que intente pasar, cuando el chorrito de Coca Cola comenzó a llegar al piso y yo intente secarlo descuidadamente con una servilleta, al tiempo que rellenaba mi asiento con todo el papel desechable que podía encontrar en mi maletín, con mucha gracia (fingida) por supuesto.
No recuerdo exactamente que paso después, se que no me puse de pie el resto del día pero si no me equivoco alguien me ayudo con un poco mas de papel…. Gracias, quien quiera que haya sido, ya no te recuerdo porque mi cerebro ha bloqueado esa mala experiencia, lo que no ha bloqueado es mi adicción a la Coca Cola.
El último (espero) y mas reciente suceso aconteció hoy, resultado de complacerme un antojo: almorzar un cheesecake de lúcuma cubierto con chispitas de chocolate, que intente degustar en la oficina mientras todos habían salido a almorzar. Lamentablemente quien atendió mi pedido no creyó que yo necesitara una cucharita para ello, así que la obvio. Resultado: estuve mirando mi cheesecake por largo tiempo sin atreverme a entrar a la cocina en busca de la cucharita (porque en ese momento todos almorzaban y no quería incomodarlos). Finalmente me decidí a probar algunas de las chispitas que venían encima (chispitas, ahora me explico porque las llaman asi), no había daño en eso, me pareció…
No me pareció lo mismo un par de horas después, mientras me cepillaba los dientes, cuando una de las chicas que entró, me pregunto si no me había manchado el pantalón con algo (ella penso en algo peor pero intento no ser muy especifica). Revisión de por medio y note que tenia pequeñas grandes manchitas marrones esparcidas por parte cierta zona de mi pantalón (no en la sección que yo pueda ver fácilmente). Efectivamente, chocolate. Luego yo inocentemente me pregunto porque mi vecino de escritorio me miró extraño, más que extraño, cuando volví a mi lugar y vi unas manchitas marrones, ya no esparcidas, mas bien agrupadas en mi asiento (para que especificar?) y que no lucían precisamente a chocolate.

Donde esta mi bloqueo mental cuando lo necesito?! mejor aun, donde esta el bloque mental de los demas cuando yo lo necesito??

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